lunes, 4 de junio de 2012

Columpio

El otoño se había llevado las hojas del árbol, pero las flores del columpio seguían ahí. Camino descalza por muchas horas, sin destino, solo por caminar, sentir el viento, pisar las hojas y escuchar la vida - eran las cosas que más feliz la hacían - Se sentó ahí, en esa piedra en la que muchas veces se había sentado, en la que había pasado tardes enteras contemplado atardeceres y por primera vez en su vida sintió. Sintió sus dedos, sus brazos, sus piernas, su boca. Sintió que no era una persona más que deambulaba por el mundo. Era única. Todos los caminos que alguna vez recorrió ahora tenían sentido. En un segundo comprendió por qué había andado tanto tiempo sin sentir, sin saber a donde iba. Se levantó rápido y camino. Corrió y llegó al árbol, ese al que el otoño había quitado las hojas y vio que el columpio aún conservaba sus flores. Se sentó en el, tomó aire, cerró los ojos y comenzó a volar. Ahí ese era su lugar, ese era su camino; volar hacia un nuevo destino.

No hay comentarios: