viernes, 6 de abril de 2012

I

Se levantó pensando que ese día volaría.
Se bajo de la cama, se puso sus zapatos, bajo las escaleras -los peldaños eran des-iguales- y se sentó en el suelo. Todo giraba demasiado rápido, hasta las manecillas del reloj. Quizás alguien alteró el tiempo, pensó. No podía levantarse del piso, cerró los ojos creyendo que la oscuridad de su vista encontraría la respuesta. Hizo memoria, pero no se acordaba. ¿Por qué había bajado las escaleras? La vida acostada en la cama era mejor. La respiración entre cortada, - hace tiempo que no podía respirar- los sueños rotos, los deseos olvidados. Por fin pudo tomar el impulso para pararse. Abrió la puerta de la calle y el sol toco su rostro, recordó porque había decido no levantarse, no le gustaba el sol. - aún no podía recordad que había hecho que se parara de la cama- Camino, nadie la veía, nadie se daba cuenta que estaba ahí parada, descalza, con la cara cochina, el pelo en un moño desordenado y los ojos secos. Me he vuelto invisible, dijo. ¡Soy invisible! gritó y nadie escucho. Recordó que se paro de la cama, porque soñó que tenía alas. Se levantó pensando que ese día volaría.

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